La reputación corporativa se posiciona como uno de los activos más sensibles dentro del valor empresarial. Estudios internacionales muestran que una parte significativa del valor de mercado de las compañías públicas está ligada a percepción y confianza.
La velocidad informativa obliga a las organizaciones a operar bajo modelos de comunicación preventiva. Redes sociales, medios digitales y opinión pública pueden amplificar narrativas en cuestión de minutos.
Las empresas más avanzadas integran monitoreo digital, análisis de conversación y estrategia narrativa para anticipar riesgos reputacionales.
El liderazgo ejecutivo también cambia: CEOs y directivos se convierten en portavoces activos cuya comunicación impacta directamente en la percepción institucional.
Gestionar reputación en 2026 implica combinar análisis, storytelling y estrategia política de comunicación.